Durante aproximadamente una década, la comprensión predominante sobre los psicodélicos ha sido que estos causan un estado de caos en el cerebro. Se creía que las redes cerebrales, que son patrones estables de comunicación encargados de funciones como la visión, la atención o el sentido de uno mismo, se relajaban y comenzaban a interactuar simultáneamente. Las señales de EEG se volvían más ruidosas y complejas, sugiriendo una ruptura de las “autopistas” neuronales en múltiples direcciones.
Sin embargo, un estudio reciente publicado en Nature, liderado por el neurocientífico Devon Stoliker de la Universidad de Monash, ha puesto a prueba esta noción. El equipo diseñó un experimento para determinar si estas direcciones son verdaderamente caóticas y aleatorias, revelando una perspectiva que no se alinea completamente con la idea del caos.
Redefiniendo el Caos Cerebral
Stoliker argumenta que la explicación del caos no es suficiente para describir el efecto de los psicodélicos en el cerebro. Para él, esta teoría no lograba explicar por qué un individuo experimentaría vivencias significativas, momentos de lucidez, claridad o cambios psicológicos positivos. Con el fin de explorar otras posibles explicaciones, Stoliker y sus colegas concibieron el estudio denominado PsiConnect.
Para el estudio, se reclutaron a 62 personas que nunca habían consumido psicodélicos. Se les administraron 19 miligramos de psilocibina, un psicodélico común hallado en ciertos hongos, y se escanearon sus cerebros. Posteriormente, se utilizó inteligencia artificial para analizar las imágenes cerebrales tomadas tanto en estado sobrio como bajo los efectos de la sustancia, lo que arrojó resultados que desafiaron la noción de un caos absoluto.
Un Enfoque Ecológico en la Investigación
Los voluntarios participaron en una secuencia de cuatro partes, la cual se repitió dos veces: una en estado sobrio y otra bajo la influencia de la psilocibina. Esta secuencia incluyó diferentes contextos o entornos: ocho minutos de reposo acostado, una meditación guiada, una lista de reproducción de música curada de 11 minutos y, finalmente, seis minutos de video con los ojos abiertos mostrando nubes moviéndose en el cielo. Cada participante realizó las cuatro fases dentro de un escáner de resonancia magnética (MRI) aproximadamente 80 minutos después de la dosis, y nuevamente con un electroencefalograma (EEG) unos 150 minutos después.
Un aspecto notable de este estudio fue la omisión de tareas cognitivas, algo habitual en las investigaciones cerebrales. Stoliker enfatizó la búsqueda de “validez ecológica”, es decir, comprender cómo funciona el cerebro durante una experiencia psicodélica auténtica e ininterrumpida. La introducción de tareas durante el viaje puede interrumpir el fenómeno que se intenta medir, un efecto que los investigadores a veces denominan “aterrizaje”. El enfoque del estudio permitió que la mitad de los participantes calificaran su sesión entre las experiencias más significativas de sus vidas, y 24 de ellos la ubicaron en su top cinco personal.
Hallazgos Clave bajo Psilocibina
Al medir la conectividad funcional global, que indica la influencia de cada región cortical sobre el resto del cerebro, el equipo observó cambios significativos. Con los ojos cerrados, las regiones sensoriales perdieron influencia, mientras que las regiones asociativas ganaron dominio. Stoliker sugiere que esto podría explicar por qué las personas tienen experiencias de imaginería complejas y místicas, con un contenido personalmente relevante.
Otra observación crucial fue el debilitamiento de las conexiones dentro de cada red cerebral y el fortalecimiento de las conexiones entre redes. La modularidad del cerebro, un parámetro que describe la claridad con la que las neuronas se agrupan en equipos especializados, disminuyó en las cuatro partes de la secuencia experimental. Además, la diferencia en la actividad cerebral entre tener los ojos cerrados y ver una película, que es muy marcada en estado sobrio, casi desapareció bajo psilocibina. En la red visual, la brecha de conectividad entre ojos abiertos y cerrados se redujo en un 85 por ciento, hallazgo confirmado por la actividad de la banda alfa del EEG, que se redujo casi a la mitad. Esto sugiere una menor separación entre el mundo interno y externo bajo los efectos de la psilocibina.
Más Allá del Promedio: Revelando el Orden Oculto
Inicialmente, los resultados del estudio parecían reproducir el caos cerebral que se atribuía a los psicodélicos. Sin embargo, este caos se transformó en orden cuando el equipo procesó los datos de una manera poco convencional. Los estudios de imágenes cerebrales suelen promediar la actividad en el tiempo y entre individuos, asumiendo que las diferencias individuales son ruido. Este método corre el riesgo de pasar por alto estructuras ordenadas que aparecen brevemente y luego se disipan.
En su lugar, el equipo alimentó la actividad momento a momento de 332 regiones cerebrales en CEBRA, una herramienta de aprendizaje automático. Esta herramienta comprimió los datos a su estructura esencial, preservando el orden de los eventos. Para cada individuo, se generó una trayectoria, un camino trazado en un espacio tridimensional que representaba cada momento del escaneo. Las trayectorias se separaron en cuatro grupos distintos correspondientes a reposo, meditación, música y el video, lo que permitió a un clasificador identificar en qué contexto se encontraba la persona. El rendimiento de este clasificador se correlacionó con la profundidad de la experiencia reportada por los participantes.
Redes Clave y la Experiencia del “Embeddedness”
Para identificar las partes del cerebro responsables de estos efectos, el equipo reemplazó la actividad de psilocibina de una red con su versión sobria y evaluó cómo se degradaba el clasificador. La red de modo por defecto (DMN) y la red visual contribuyeron cada una con más del 20 por ciento del efecto. La DMN está fuertemente asociada con el sentido de uno mismo, la ensoñación y la divagación mental. Bajo psilocibina, la DMN y el sistema visual se volvieron menos diferenciados, lo que, según el equipo, explica la experiencia subjetiva de una menor separación entre el yo y el mundo externo, un estado que Stoliker denomina “embeddedness” o “incrustación”.
Teóricamente, los psicodélicos podrían alterar temporalmente la organización de las redes cerebrales que normalmente mantienen esta separación. Esto desafía la idea de si el mundo interno y externo son realmente separados, sugiriendo que el cerebro podría ser responsable de construir ambos. Al día siguiente de la sesión, la mayoría de los participantes reportaron cambios psicológicos positivos, como un mayor sentido de conexión consigo mismos, con los demás y con la naturaleza, así como paz, aceptación y creatividad. La magnitud de estos cambios se correlacionó con los datos del clasificador cerebral utilizado.
Conclusiones y Futuro Terapéutico
Stoliker espera que estos hallazgos puedan aplicarse en el futuro con fines terapéuticos. Si el contexto no solo influye en el estado de ánimo, sino que también moldea mecánicamente la organización cerebral, entonces factores como el entorno, la lista de música y las instrucciones podrían convertirse en variables clínicas que un terapeuta podría ajustar para mejorar los resultados. Sin embargo, aún quedan detalles por resolver.
Los investigadores reconocen que dos personas con puntuaciones idénticas de “embeddedness” pueden tener experiencias subjetivas muy diferentes. Además, todos los voluntarios del estudio de Stoliker eran individuos sanos, no pacientes con trastornos psicológicos o psiquiátricos, que son el objetivo potencial de las terapias con psicodélicos. Todavía se necesita más investigación para determinar exactamente cómo optimizar variables como la música o los elementos visuales en un entorno clínico.
📝 Basado en información de arstechnica.com
