Hace más de medio siglo, en 1971, el gobierno de España tomó una decisión que hoy representa una seria amenaza para el ecosistema de las Islas Canarias. Con el auspicio de cazadores, se introdujeron once ejemplares de muflón europeo, específicamente de la subespecie Ovis orientalis musimon, en el Parque Nacional del Teide. Esta oveja salvaje, originaria de Córcega y Cerdeña, fue considerada en su momento un “elemento decorativo del reino animal” y una especie para la caza mayor, debido a una supuesta carencia de estas en las islas, según lo recogido por la Federación Tinerfeña de Caza a finales de los años 60.
La iniciativa fue autorizada por el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), que permitió la liberación de siete hembras y cuatro machos. Expertos como Manuel Nogales, delegado del CSIC en Canarias, señalan que en aquella época la comprensión sobre la conservación ambiental era incipiente y no existía una visión clara de sus implicaciones. Hoy, el muflón se ha convertido en una pesadilla ecológica, con una población descontrolada que pone en riesgo la flora endémica de Tenerife.
El origen de un problema ecológico
La introducción de especies no nativas en ecosistemas insulares presenta riesgos únicos debido a la limitada biodiversidad y los recursos específicos. En el caso del muflón, la intención de fomentar la caza mayor tuvo consecuencias imprevistas y de gran alcance. Los once ejemplares iniciales se adaptaron rápidamente al entorno del Parque Nacional del Teide, un área de 19,000 hectáreas que es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2007.
Al no contar con depredadores naturales en la isla, la población de muflones ha crecido exponencialmente. La Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC) documenta cómo esta especie ha pasado de ser una novedad a una plaga. La falta de una comprensión adecuada de la ecología insular en los años 70 sentó las bases para el problema actual que enfrentan las autoridades y organizaciones conservacionistas en Tenerife.
El impacto devastador en el ecosistema
El muflón ha sido declarado especie invasora en Canarias y su presencia se concentra en las cumbres de Tenerife, entre los 1,400 y los 3,100 metros de altitud. Según el Cabildo de Tenerife, estos animales campan a sus anchas, pisoteando y devorando la vegetación autóctona. Esto es particularmente grave en el Parque Nacional del Teide, que alberga doce especies de plantas endémicas exclusivas de Tenerife, las cuales evolucionaron en un ecosistema sin grandes herbívoros.
Jaime Coello, director de la Fundación Telesforo Bravo, una ONG dedicada a la preservación ambiental, explica que el impacto va más allá del consumo de plántulas. Los muflones alteran las condiciones del suelo con sus deposiciones y generan efectos erosivos, lo que puede provocar derrumbamientos y daños en caminos. Este problema se agudiza en zonas ya afectadas por incendios. La población de muflones es mucho mayor de lo que se estimaba hace tres años, con más de 500 animales avistados cerca de núcleos habitados y en la Corona Forestal, donde antes no se pensaba que estuvieran. Además, en La Palma se ha documentado la existencia de ejemplares híbridos con ovejas domésticas.
Esfuerzos de control y la paradoja de la erradicación
A pesar de que el muflón fue declarado especie invasora en Canarias en 2011, su población continúa en aumento. Organizaciones ecologistas insulares como ACBC y ATAN fijaron en 2022 un plazo máximo de tres años para su erradicación. Sin embargo, la situación presenta una paradoja: la especie fue introducida para la caza, y la batida ha sido, hasta la fecha, el principal método de control poblacional.
El control se realiza mediante un cupo mínimo de animales a abatir. Por ejemplo, para 2026, el límite establecido es de 236 ejemplares, un 26% más que los 187 del año anterior, según detalla el Boletín Oficial de Canarias. Jaime Coello opina que esta situación se debe a una falta de verdadera voluntad de erradicación. Varias asociaciones ecologistas demandan que el control se base en datos científicos, sea monitorizado por la administración y ejecutado por personal especializado para lograr una gestión efectiva y sostenible del problema.
Un futuro incierto para la biodiversidad canaria
La presencia descontrolada del muflón en el Parque Nacional del Teide representa un desafío significativo para la conservación de la biodiversidad de las Islas Canarias. Los costos económicos asociados a las acciones de control son considerables, y el daño ecológico a un patrimonio natural único es incalculable. La necesidad de implementar estrategias de erradicación más efectivas y basadas en criterios científicos es urgente para proteger este valioso ecosistema insular de una amenaza que comenzó hace más de cinco décadas.
📝 Basado en información de xataka.com
